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Marcela Mendonça: “A pesar de tanta muerte, siempre algo me sacó una sonrisa”

Actualizado: abr 3

Creció junto a las historias de Médicos Sin Fronteras. Luego de recibirse de enfermera, se animó a trabajar junto a ellos en tres misiones. Marcela Mendonça afirma que a pesar del trabajo duro con el que se enfrentó, fue feliz en cada una de ellas.



A pesar de que el 50% no retornan a un segundo trabajo para MSF, Marcela Mendonça va en busca de su cuarta misión. Crédito: Francisco Galeazzi

Marcela Mendonça escuchó desde que era chica las historias de Médicos Sin Fronteras (MSF). Después de recibirse y trabajar como enfermera, decidió ayudar a su país. A raíz de un proyecto en el que vivió con comunidades rurales en Santiago del Estero se enamoró de trabajar con la gente local y su cultura. Una vez que volvió se animó a probar junto a MSF.


Kuki, como la conocen sus amigos y familia, camina por las calles de San Isidro luciendo unas trenzas coloridas que levantan varias miradas. Más de una persona le pregunta dónde puede conseguir un peinado similar y ella contesta que tienen que ir a África. Es que hace no más de 48 horas estaba en la unidad pediátrica de Kabala, Sierra Leona, junto a MSF.


Desde MSF recomiendan estar al menos un mes y medio en tu país antes de volver a trabajar, pero Marcela ya piensa en su próxima misión después de haber estado en Angola, Bangladesh y Sierrra Leona.





¿Cuál es la diferencia entre trabajar con MSF y trabajar en la Argentina?

(Sonríe levemente) Es el mismo trabajo pero a la vez no, es algo que a la gente le cuesta entender. Yo voy a trabajar a un país que no tiene nada de nada. Es totalmente diferente la necesidad en los lugares donde trabajamos a lo que pasa en la Argentina. Allá te falta desde una gasa hasta hospitales.


¿Cómo decidís ir a trabajar con MSF?

Tenés una persona a cargo de tu carrera que se llama Pool Manager. Lo que hace es conocer tu perfil, junto a tus fuertes y debilidades, lo que te gusta y lo que no. Entonces ella es la encargada de recibir las necesidades, y si alguna va con tu perfil, te lo propone y vos decidís si querés ir o no.


A partir de que MSF decide ayudar en una crisis humanitaria, ¿cómo empiezan su trabajo?

Depende mucho del proyecto. Lo que hace MSF es contratar gente nacional: médicos, guardias, choferes, lo que haga falta, y nosotros estamos a cargo de coordinarlos y capacitarlos. Te encargás de cuántos enfermeros se necesitan por día, los horarios, de que no falte material, y así a medida que pasan los días nuestros puestos pasan a ser de ellos. Generalmente en las emergencias hay más expatriados porque hace falta capacitar rápido.




Al tratarse de crisis humanitarias, una vez allí ¿trabajan todo el tiempo?

Si es una emergencia generalmente estás todo el tiempo trabajando y tenés un día libre a la semana para descansar obligatorio. Por ejemplo, en Angola todos teníamos el domingo libre juntos, pero en Bangladesh era imposible porque siempre había que tener gente en el hospital. Entonces nos íbamos turnando entre todos, capaz me tomaba un miércoles, pero sola. Era distinto, cada uno se tomaba un día diferente. Pero en los proyectos más largos te dan más de un día para descansar, como me pasó ahora en Sierra Leona.



Médicos Sin Fronteras se financia a través de los aportes de sus socios. Crédito: Médicos Sin Fronteras


¿Cómo son los días previos a irte con MSF?

Para empezar, hasta no estar arriba del avión no estoy segura de que me voy. Por ejemplo, antes de irme a Bangladesh me cancelaron dos días antes y a la media hora me dijeron que me iba. Antes de irte te dan cosas para leer, así sabés por qué el país está como está, cuál es la situación y conocés los objetivos de MSF. Generalmente terminás con una imagen mental de lo que te podés llegar a encontrar pero después es todo lo contrario.

En tu última misión estuviste en Sierra Leona, ¿cúal fue el trabajo de MSF en el país?

MSF tuvo como objetivo dar soporte al Ministerio de Salud, que perdió a muchos de sus trabajadores, a raíz del brote de ébola que surgió en el 2014. A mí me tocó trabajar en la última instancia para cerrar el proyecto, trabajé en el hospital del distrito de Kabala alejado de la capital. Allí se trabajó tres años y logramos reducir la tasa de mortalidad materna infantil a un 5%.

"Creo que la comunicación es la raíz de todos los problemas".

¿Cómo es la comunicación con la gente local?

(Suspira) Es un tema. Es difícil porque generalmente nadie habla el segundo idioma. En Bangladesh hablan bengalí y el segundo idioma es el inglés, pero no lo usaban. Entonces comunicarte con los nacionales es bastante complicado. Siempre necesité de un traductor, pero en el medio hablan entre ellos y se pierden muchas cosas. Yo creo que la comunicación es la raíz de todos los problemas. Ahora en Sierra Leona fue más fácil porque su primer idioma es bastante parecido al inglés. Cuando pasa esto te das cuenta de que estás más tranquila.


¿Cómo lográs adaparte tan rápidamente?

Con el tiempo te acomodás. En Bangladesh llegué y literalmente dejé el bolso y me mandaron al hospital. No entendía nada porque estaba con los horarios completamente cambiados. Sentís que estás pero no estás, no entendés nada, parece que te faltan neuronas. (Silencio) Te adaptás con los días cómo puedas. Igual siempre busco tener escapes, hacer ejercicio, comer bien, salir a tomar algo, jugar. Al vivir todos en una misma casa ponés reglas para comer todos juntos y siempre usar el idioma que se habla en el proyecto, son algunas cosas que te permiten llevar el día a día.



"En Angola trabajé muy duro, pero cada momento valió la pena". Fuente: Instagram Personal


"Si pensás que por ir a Médicos Sin Fronteras vas a salvar al mundo no estás preparado para ir a una misión".

A pesar de hacer un gran trabajo desde MSF es imposible ayudar a todos, ¿cómo vivís esta situación?

Por suerte está bastante bien pensado. De entrada te dicen (que va a sonar medio polémico) que no podés salvar al mundo. Si uno piensa que va a ir a MSF a salvar al mundo, no esta preparado para ir porque el mundo no tiene salvación ni hoy, ni mañana, ni pasado. Con suerte en mil años, pero hoy no. Por eso, si pensás que por meterte en MSF vas a salvar al mundo te va a ir peor porque te vas a encontrar con más muertes de las que te podés imaginar. Pero si lográs ver que dentro de toda esa mierda hay cosas espectaculares que valen la pena, entonces sí estas preparado. Por eso le dan mucho énfasis en el proceso previo: te hacen preguntas, tenés varias charlas, el psicotécnico es clave y obvio tu experiencia anterior tiene mucho que ver.



"Cuando llegué a Bangladesh literalmente dejé el bolso y me mandaron al hospital". Crédito: Médicos Sin Fronteras

Ustedes tienen un trabajo muy duro, conviven con la muerte todo el tiempo, ¿cómo los trata MSF en el marco piscológico?

Durante el proyecto hay algo que se llama la unidad de soporte psicosocial que está disponible todo el tiempo para llamar y charlar de lo que quieras. Después, lo primero que hacen cuando volvés es mandarte un mail para que hables con ellos. Es una buena idea porque quieren cuidar mucho nuestras cabezas y corazones, entonces le dan mucha bola.

"Hay momentos que me canso de que los chiquitos se me mueran en la cara".

¿De qué te aferrás para seguir en MSF?

Antes que nada, de las vidas salvadas porque sino estuviéramos ahí se mueren ellos y muchos más. Después me quedo siempre con la alegría de la gente, que a pesar de todo, siguen siendo las personas más alegres que conocí en mi vida. También con lo que aprendo estando en el medio de la nada con gente totalmente distinta. Entonces sí, hay muchas cosas buenas, pero también es una mierda. Hay momentos en los que sí me canso de tanta muerte o de que los chiquitos se me mueran en la cara. Pero me permito llorar ese momento e ir al día siguiente siempre algo me pasa que me ayuda, levanta y saca una sonrisa de vuelta. Sobre todo cuando trabajás con pediátricos como me pasa a mí que en cuanto se sienten un poquito mejor ya se están riendo o se asustan de vos porque sos blanca y cosas así.

"Generalmente vuelve el cuerpo y la cabeza tarda más días en llegar".

¿Cómo se lleva la vuelta a casa?

La primera vez que llegué, me acuerdo que en las escalas empezaba a escuchar cada vez más español, y me daba cuenta de que realmente estaba volviendo, hasta que en Ezeiza quise llorar automáticamente. Generalmente vuelve el cuerpo y la cabeza tarda más días en llegar, pero de a poco me fui adaptando. Desde MSF te recomiendan tomarte mínimo un mes y medio, para realmente llegar, adaptarte y recuperarte antes de volver a salir pero obvio que depende de cada uno.



"Por ahora estoy feliz, me gusta mucho trabajar en MSF, conocer gente y después volver acá." Fuente: Instagram personal


Para más información visitá www.msf.org


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