Compartir una merienda

Sofia Fazio / 7 minutos de lectura / Pobreza

Entrevista a Griselda, directora del comedor Las Manitos de mi Barrio



¿Cómo te llamás, cuántos años tenés y dónde estás ahora?


Soy Griselda Analía Penayo, directora y dueña de Las Manitos de mi Barrio. Hace dos años que estoy acá en el Barrio Ovejero, en la calle Tucumán 549, y este es mi mundo... Es mi mundo con mis chicos y mi trabajo.

Hoy son 73 chicos que vienen todos los días de la semana ya, menos sábados y domingos.


¿Por qué empezaste el merendero?


Un Día del Niño, dos años atrás, estábamos en mi casa con mi mamá, un mes después del fallecimiento de mi papá, y vimos que había chicos que en su día no estaban festejando. En cambio, algunos estaban comprando cerveza u otras cosas que no tendrían que tener en su propio día. Así que le dije a mi mamá que hiciéramos algo por ellos… Y empezamos a juntar juguetes que teníamos nosotras y a la otra semana festejamos de nuevo el Día del Niño. Contábamos con 120 chicos y con una olla chiquita de leche y dos o tres cosas que armamos. Después, aparecieron los vecinos y empezaron a ayudar también.


Ese día empecé con Las Manitos de mi Barrio y no me preguntes cómo, pero hoy ya hace dos años y medio que estamos. Fue un trabajo del día a día.


No todo fue fácil: hemos tenido robos, un incendio… Y tuvimos que volver a empezar una y otra vez...



Hay chicas que están ayudando hace ya un tiempo. ¿Cómo empezaron?


Eso es algo que duele. Mejor dicho, me sensibiliza. Ellas aparecieron en un momento en que yo había decidido cerrar las persianas como lo hace un kiosco porque pensaba que ya no se podía mantener, no había nada más para sacar. Pero entonces aparecieron las chicas. Necesitábamos ayuda, donaciones, cosas para darles de comer a los chicos y no había, y aparecieron las chicas.


Yo las acepté como a todas aunque, en realidad, no sabía quiénes eran ni de qué se trataba lo que proponían. Pero cuando vinieron y me contaron que querían ser parte de nuestro merendero, sinceramente no les creí porque por acá pasó mucha gente y, así como venían, se iban. Pero hoy ya van a ser como tres meses que están acá y, gracias a ellas, el merendero cambió un montón. Los chicos cambiaron, hoy tienen con quien hablar, con quien jugar, con quien reírse, a quien contarles sus cosas. Ellas se preocupan para que los chicos tengan su comida todos los días, su merienda. </